jueves, 10 de diciembre de 2015

principales aportes a la formación de políticas comunicacionales en América Latina



Es el conjunto de mensajes que circulan en el interior de un sistema político y que condicionan su actividad, tanto desde la formulación de demandas como la articulación de respuestas y que determinan, en consecuencia, la propia dinámica del proceso político.

La política comunicacional (PC) son las acciones que se emprenden para alcanzar los objetivos propuestos. Son las iniciativas, las pautas, el método. La (PC) es algo que se planifica y no se puede dejar a la deriva.

Lo recomendable es que las organizaciones gubernamentales o no gubernamentales –organizaciones comunitarias- piensen, planifiquen, su política comunicacional para evitar la improvisación.

Entre las características de la Política Comunicacional tenemos:
  •     Generar la democratización de los medios de comunicación
  •     Activar la participación ciudadana,
  •     Establecer una contraloría social,
  •     Proteger a los niños, niñas y adolescentes
  •     Impulsar una educación consciente para la recepción de mensajes de los medios de comunicación.

El ciudadano podrá, en forma individual, promover y defender sus derechos e intereses comunicacionales; también podrá hacerlo de forma colectiva, para ello es necesario promover la asociación en comités de usuarios con el objetivo de dirigir solicitudes, quejas o reclamos vinculados con la programación de los prestadores de servicios de radio y televisión sean públicos o privados.



 En América Latina...

los primeros programas de “comunicación para el desarrollo” emergieron en torno a 1949, diez  años antes de que surgiese la primera propuesta teórica de “información modernizadora” (Lerner, 1958). Algo parecido sucedió en Latinoamérica, donde la obra de Freire, Díaz Bordenave o Kaplún se inspiró, en buena medida, en la prolífica práctica transformadora de un buen número de colectivos ciudadanos desde mediados del siglo XX –radios y televisiones comunitarias, proyectos de educación informal con el apoyo nuevas tecnologías.

A nivel mundial, Latinoamérica el continente pionero de la denominada “comunicación participativa”; es decir, de propuestas orientadas a articular canales de expresión y representación para comunidades que hasta entonces habían vivido en la “cultura del silencio” (Freire), con un alto contenido de participación ciudadana. Los  precedentes mundiales de esta corriente emergieron de forma paralela en 1947, aunque sin conexión entre sí, y con objetivos disímiles: las emisoras sindicales mineras en Bolivia, y el proyecto nacional de radio- escuela Sutatenza-ACPO en Colombia. Las radios mineras impulsaron una comunicación dirigida al sector obrero y rural del Altiplano boliviano, ligada, esencialmente, al fomento de la conciencia político-sindical, y a la búsqueda de autonomía y transformaciones estructurales frente a la explotación de las oligarquías mineras. En el caso de ACPO, se trató de un macro-proyecto nacional de alfabetización y educación popular mediante el uso combinado de la radio y la enseñanza presencial, con fines de transformación – aunque también de evangelización- para la población rural y urbana de Colombia (Beltrán, 1993; Gumucio- Dagron, 2001; Peppino, 1999). A partir de estas dos iniciativas se pueden vislumbrar los agentes promotores pioneros y más relevantes de este tipo de comunicación en el continente: movimientos sociales de diverso orden –indígenas, feministas, organizaciones rurales, sindicalistas, etc.-; y comunidades eclesiales de base, ligadas, en su mayoría, a la corriente progresista de la teología de la liberación. De hecho, su arranque no puede entenderse sino enmarcado en un contexto como el de Latinoamérica de la segunda mitad del siglo XX, que se define de acuerdo a la dialéctica “dependencia/liberación”; o lo que es   lo mismo: ciclos históricos de marginación y violencia estructural, dictaduras militares, gobiernos oligárquicos, imperialismo estadounidense, exclusión de los sectores populares, etc.; frente a los cuales se plantean alternativas de cambio -reformas (Chile), revoluciones populares (Cuba), protestas anti- dictatoriales, emergencia de (nuevos) movimientos sociales, etc.-, en las que la comunicación y la educación se conciben como una herramienta emancipadora de primer orden.

De forma autodidacta, con enorme creatividad, y con mayor o menor fortuna, los primero proyectos comunicacionales que emanan de los sectores civiles desafiaron las prácticas tradicionales de las grandes agencias de de desarrollo que por entonces operaban en la región, contribuyendo a organizar el saber ancestral de las comunidades, y a construir discursos autónomos, con frecuencia contrarios a la cultura de las elites en el poder.


  Latinoamérica y la comunicación participativa


Si definimos el “paradigma participativo” como aquel que se caracteriza por su capacidad de involucrar a la sociedad civil en su propio proceso de transformación a través del diálogo y la participación, podemos afirmar que Latinoamérica es la región mundial más relevante en su gestación y configuración posterior6. Es en este continente donde  se  desafía con mayor fuerza que en  ninguna otra  parte del  mundo    el  modelo
tradicional y hegemónico tanto del “desarrollo”, como de la “comunicación”, como, a nivel más específico, de la “comunicación para el desarrollo”, unos patrones que determinaban los modos de proceder tanto de las agencias de cooperación como de los medios de información tradicionales –prensa, radio y televisión-. Este reto, especialmente relevante durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, no se basó exclusivamente en denunciar los errores de los antiguos esquemas –como sucede en la teoría crítica estadounidense o europea: Escuela de Frankfurt, Estudios Culturales, post-estructuralismo, economía política de la comunicación, etc.-, sino que avanzó en la construcción de nuevos estándares, más complejos y participativos, de “comunicación para el cambio”.

 
En Latinoamérica se localizan las primeras prácticas mundiales de comunicación y desarrollo concebidas desde una perspectiva participativa e incluso auto-gestionaria: radio Sutatenza/ACPO, radios sindicales mineras, proyectos de edu-comunicación popular, etc. Asimismo, en ninguna parte del mundo se tiene constancia de una efervescencia similar y precursora de proyectos comunicativos populares orientados a mejorar el bienestar de las sociedades. Buen ejemplo de ello son los millares de radios comunitarias y alternativas que se extienden desde los años cincuenta por todo el continente; proyectos de educación informal con el apoyo de tecnologías; radio fórums y radio escuelas; observatorios de medios y veedurías ciudadanas; el “teatro popular” y del “oprimido” de Augusto Boal; los planteamientos del “nuevo cine latinoamericano” –Pino Solanas, Getino, Gleyzer-; etc.






¿Cómo es su sistema de comunicación?

El Early Bird es el 1Ý satélite con fines comerciales. Se lanza el 6 de abril de 1965 desde Cabo Kennedy. Entonces se inicia un sistema mundial de comunicaciones que tiende a unir a todos los países a través de medios más efectivos. En 1962 se crea la Corporación de Comunicaciones Vía Satélite (COMSAT), y 2 años después surge el Consorcio Internacional de Telecomunicaciones por Satélites (INTELSAT).
 En América Latina, los satélites deberían incorporarse al área educativa, pero existen diversas fuentes de oposición. La principal es de carácter económico. Desde el punto de vista político, habría un poderoso instrumento de penetración cultural e intelectual. Por otra parte, compañías foráneas establecidas en Latinoamérica se rehúsan porque sus infraestructuras quedarían obsoletas. Finalmente, los satélites unen al mundo y plantean la posibilidad de mejorar las condiciones educativas. Pero para ello, es necesario crear instituciones que se dediquen a la planificación y aplicación de técnicas concientizadoras.

La política del Estado en materia de telecomunicaciones está orientada a la inclusión del pueblo venezolano y la cobertura de la mayoría de centros poblados del país.

El 29 de octubre de 2008 se efectuó el lanzamiento del Satélite Simón Bolívar, desde el Centro de Satélites de Xichang, ubicado en el suroeste de la República Popular China.  Dicho satélite, que fue construido y puesto en órbita por el gobierno bolivariano de Venezuela Desde el punto de vista de las aplicaciones, esta plataforma maneja señales de tv, radio telefonía, Internet de alta velocidad, video conferencias, aplicaciones específicas en programas de telemedicina y teleeducación, apoyo a las misiones sociales, control de procesos y cualquier tipo de datos.  Este adelanto tecnológico servirá de transporte a señales radioeléctricas que permitirán garantizar el derecho a la salud y una mejor calidad de vida para la población venezolana, la región indoamericana y el Caribe, haciendo uso pacífico del espacio ultraterrestre y en la búsqueda de la independencia y soberanía tecnológica.



Alianzas estratégicas del estado para integración del TELESUR


Latinoamérica defiende nuevo orden comunicacional

Leer más en: http://www.conatel.gob.ve/latinoamerica-defiende-nuevo-orden-comunicacional/
Entre Venezuela y Brasil, se tomaron en cuenta diversas áreas de mutuo interés, promoviéndose de esta manera una serie de documentos para la colaboración entre ambas naciones. Por esta razón, se firmó un Memorándum de Entendimiento para la cooperación en las áreas de ciencia y tecnología. Asimismo, se suscribirá un acuerdo bilateral para el área de comunicación e información
Específicamente lo contemplado en el documento que hace referencia a la cooperación comunicacional, Venezuela y Brasil se comprometieron al intercambio de información, análisis y pronósticos de los medios de comunicación social de ambos países. También la difusión de informaciones oficiales de ambos gobiernos, sus logros, actividades culturales, bellezas turísticas y aspectos históricos, así como también programas de divulgación científica, académica y universitaria, además del intercambio de contenidos que fortalezcan y enaltezcan las relaciones bilaterales.

TeleSUR, canal de integración para los países latinoamericanos

TeleSUR canal de comunicación informativa, constituida como una sociedad multiestatal y conformada por una red de colaboradores provenientes de cada rincón del continente, nace de una evidente necesidad latinoamericana de contar con un medio que permita, a todos los habitantes de esta vasta región, difundir sus propios valores, divulgar su propia imagen, debatir sus propias ideas y transmitir sus propios contenidos, libre y equitativamente.
Frente al discurso único sostenido por las grandes corporaciones, que deliberadamente niegan, coartan o ignoran el derecho a la información, se hace imprescindible una alternativa capaz de representar los principios fundamentales de un auténtico medio de comunicación: veracidad, justicia, respeto y solidaridad.
Con base en Venezuela y con el propósito de desarrollar una nueva estrategia comunicacional para Latinoamérica, Telesur persigue como misión, promover el derecho a la información y asumir la veracidad como principio, estimulando así a las regiones suramericanas en la producción, promoción y difusión de contenidos propios de cada país, fomentando el reconocimiento del imaginario latinoamericano.
Una señal de vocación social, que se constituya a un tiempo en memoria histórica y expresión cultural, es la visión de este novedoso canal, siendo además un lugar de encuentros y debates de ideas, compuesto por una programación tan diversa y plural como diversa es la población latinoamericana.
Telesur pone el talento y la más avanzada tecnología al servicio de la integración de las naciones y pueblos de Latinoamérica y el Caribe, en 24 horas de programación, transmitida por enlace satelital desde Caracas, Venezuela, apuntando así a la concreción del ideal bolivariano.
"Vernos es conocernos", "reconocernos es respetarnos", "respetarnos es aprender a querernos", "querernos es el primer paso para integrarnos y integrarnos es el futuro de nuestras naciones", son los pilares que persigue Telesur en cada una de sus programaciones, porque la información es un derecho inalienable a la que todos deben tener acceso.
Con corresponsales permanentes en Bogotá, Brasilia, Buenos Aires, Caracas, Ciudad de México, La Habana, Puerto Príncipe, La Paz, Washington y una red de colaboradores en toda la región, Telesur garantiza una cobertura amplia y responsable, en el marco de una agenda propia.
En el marco de su programación, se persigue la transmisión de contenidos que contribuyan a la formación de sus usuarios, desde la ancestral sabiduría de las culturas originarias de América hasta los postulados del nuevo siglo, el conocimiento es un componente esencial para nuestra programación y para el desarrollo de nuestros pueblos, incorporando el entretenimiento como patrimonio común de los latinoamericanos. Siendo así una alternativa de comunicación para las Américas, Telesur será el canal informativo más amplio de los nuevos tiempos con mucho contenido por presentar, demostrando el gran potencial que poseen las naciones suramericanas, que avanzan a las vías del desarrollo global e integración de cada una de las naciones que componen la gran América.



Latinoamérica defiende nuevo orden comunicacional, según Conatel:

América Latina debe trabajar unida hasta encontrar los nexos, vínculos y lazos comunes que le permitan avanzar significativamente en el plano comunicacional y destacar en este nuevo mundo plural, y no en aquel que fue dominado de manera abrupta y absoluta por una sola potencia, así lo expresó el escritor e historiador venezolano Luis Britto García, en el Congreso Internacional: Comunicación e Integración Latinoamericana desde y para el Sur, celebrado recientemente en Ecuador. 

Durante su intervención, el también ensayista y dramaturgo destacó la necesidad de que los medios públicos latinoamericanos y caribeños trabajen para dar a conocer distintos puntos de vistas y realidades a sus audiencias, dar voz a quienes históricamente jamás la tuvieron, evitar la desinformación, monopolización y manipulación de hechos, y defender por encima de todo la soberanía informativa. Britto García recordó que “el Libertador Simón Bolívar quería una América libre, y Francisco de Miranda soñó con una unidad territorial desde Río Grande (México) hasta la Patagonia (Argentina)”.

 En ese sentido, instó a los pueblos latinoamericanos a compartir esa aspiración, ese sueño, y encontrar la mejor forma de defender los ideales bolivarianos desde la comunicación, tarea para la cual son fundamentales los medios públicos. Con base en la memoria histórica de la Región, el escritor citó la frase del poeta y novelista español George Santallana: “aquel que no estudia la historia se ve obligado a repetirla”, para así evocar la política comunicacional que asumió el Gobierno Bolivariano después del golpe de Estado de 2002 y no volver a ser víctimas de ataques mediáticos. Resaltó la creación de leyes para regular el campo de la comunicación, como la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos. 

Asimismo, afirmó que el Gobierno fomentó la creación y fortalecimiento de organismos estatatales que hicieran cumplir estas leyes, entre ellos Conatel; además de dedicar grandes esfuerzos a garantizar un proceso formativo de calidad para el pueblo, para que aprendan a dar una lectura crítica a los mensajes que reciben por parte de los medios. “La idea es incorporar a los países de nuestra Región e integrar una verdadera red de comunicación que tenga nuestra mirada, nuestras preocupaciones y perspectivas. Venezuela desde el principio entendió que no es posible quedar reducidos a una diplomacia unipolar, cuando hay que crear otra diplomacia multipolar, sur-sur, dirigida a los no alineados, a las relaciones con África y Asia”, puntualizó.

Latinoamérica defiende nuevo orden comunicacional

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Retos de la era digital para América Latina y el Caribe

Desde hace 15 a 20 años, con una velocidad inédita, el mundo vive un proceso de concentración monopólica en diversas áreas de las tecnologías digitales e Internet, desde los servicios básicos hasta el comercio electrónico, pasando por las redes sociales donde las personas se interrelacionan, hasta los buscadores que determinan qué fuentes de información son más visibles, o el mercado publicitario. En cierta medida, se trata de un fenómeno que los economistas llaman “monopolios naturales”, por el “efecto red”, que ocurre cuando un servicio adquiere popularidad y se convierte en un polo gravitacional, que atrae más gente. Pero también se debe a la desreglamentación del sector y a fallas del diseño técnico que no fue pensado para evitar este efecto.

Un 85% de los conocimientos sobre América Latina está almacenado en bases de datos fuera de la región, muchos de ellos en acervos académicos, con o sin acceso público. Cabe pensar cómo la región puede repatriarlos, reapropiarlos.
- En pocos años, muchos hogares tendrán al menos una decena de artefactos domésticos conectados directamente a la red (sin hablar de la vigilancia en los espacios públicos, que se va generalizando y sofisticando). Los datos que arrojan estas conexiones serán manejados, según el caso, por proveedores de servicios públicos y privados, empresas, agencias de seguridad, etc., en principio para nuestro beneficio. Pero, a menos de establecer normas muy claras, ¿qué garantías tendrá la ciudadanía respecto a la protección de sus datos, dentro o fuera del país?
Un primer problema a superar es el desconocimiento público respecto a estos temas y sus implicaciones, lo que se dificulta por el hecho que este entramado de poder se esconde tras la incuestionable utilidad y atracción de las nuevas tecnologías. Abrir un debate público sería un primer paso para la elaboración de marcos legales nacionales (como, por ejemplo, el Marco Civil de Internet que adoptó Brasil este año, centrado en la protección de los derechos ciudadanos).
Toda vez, existe un límite a lo que se puede legislar desde lo nacional, debido al carácter sin fronteras del ciberespacio, y ello apela a la actuación desde los espacios de integración. Y allí el hecho que los organismos de integración regional no tienen en agenda a la comunicación es un obstáculo. UNASUR, por ejemplo, no cuenta con un Consejo de la Comunicación. La CELAC, entre los 83 puntos de su Declaración de la Habana (enero 2014), no hace mención al tema. Sin duda la comunicación es un tema polémico, debido a las diferencias políticas entre los distintos gobiernos respecto al poder mediático; pero si se lo aborda desde una perspectiva más amplia, habría muchos aspectos donde se podrían identificar intereses comunes, incluyendo en lo mediático. Es evidente que la integración solo calará entre la población como una prioridad, como un asunto de identidad común y un proyecto de paz y de cooperación, si se emprende un amplio y constante esfuerzo de información, intercomunicación y diálogo intercultural. Este debería estar al centro de procesos como la UNASUR o la CELAC; pero también se lo puede fomentar a través de iniciativas ciudadanas, como de hecho se ha venido haciendo, aprovechando el nuevo potencial de las tecnologías digitales.
Comunicación e integración: un asunto de ciudadanía
La conformación, en un Encuentro realizado en Quito en noviembre pasado, del Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica(4) fue justamente con el carácter de una iniciativa ciudadana para debatir estos temas y desarrollar iniciativas concretas. Como dice el documento para el debate del Encuentro:
“La comunicación y el intercambio cultural son elementos constitutivos de la integración de los pueblos. La participación en los procesos comunicacionales, el diálogo entre países y culturas, reconocernos, intercambiar, etc., son elementos fundamentales para construir una cultura de paz, cooperación y solidaridad recíproca en el continente… la apuesta por una participación social efectiva demanda como condición indispensable una socialización de la información amplia y permanente”.
Así, mientras los procesos oficiales de integración evadan el tema de la comunicación y los grandes medios sigan menospreciando los nuevos procesos de integración, es sobre todo desde las organizaciones sociales y los medios ciudadanos, alternativos y populares que se puede impulsar el debate.
Justamente en el primer Foro de Participación Ciudadana (FPC) de UNASUR, realizado en Cochabamba a mediados de agosto, el Foro de Comunicación para la Integración encaminó una propuesta de crear un Consejo de Comunicación dentro de UNASUR, que fue incluida entre las propuestas adoptadas; el FPC también acordó crear su propio consejo de comunicación social e impulsar una red regional de comunicación.
Además, el FPC incorporó en su agenda propuestas sobre la democratización de la comunicación, el derecho a la privacidad y la defensa de la ciberpaz. Se entiende que esto ofrece una oportunidad para plantear un diálogo en UNASUR sobre estos temas. Pero ello depende, primero, de abrir un debate con la sociedad al respecto, sin lo cual la propuesta de participación ciudadana en UNASUR puede convertirse en una figura retórica.
En este sentido, el Foro de Comunicación para la Integración se plantea entre sus retos: contribuir a la democratización de la cultura, de la información y la comunicación como requisito para la construcción de democracias participativas; y buscar vínculos con la academia para construir nuevas teorías, desde la comunicación, para esta construcción.
- Sally Burch es periodista de ALAI.
Ponencia presentada en el conversatorio: “Geopolítica de la Comunicación e Integración: retos y perspectivas”(6) organizado por CIESPAL, ALAI y el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica, realizado en Quito, el 20 de agosto de 2014.

LA POLITICA EN LA ERA DE LA COMUNICACIÓN DIGITAL 

Las campañas políticas en cualquier lugar del mundo hanrepresentado una oportunidad inestimable para el avance de losestudios comunicacionales. En la actualidad asistimosa la irrupciónde la CMC (comunicación mediada por computador). De suerteque la reciente campaña electoral en Norteamérica es la primera campaña en tiempos de la hiperindustria cultural: la primera campañapodcast. Nos proponemos, entonces, develar hasta donde nos seaposible, los contornos de este fenómeno inédito en el ámbito de la política y las comunicaciones.

Es claro que este desajuste es un peso a la hora de pensar lo comunicacional, pues como muy bien nos lo recuerda Vilches: “El nuevo orden social y cultural que ha comenzado a instalarse en el siglo XXI obligará a revisar las teorías de la recepción y de la mediación que ponen el acento en conceptos como identidad cultural, resistencia de los espectadores, hibridación cultural, etc. La nueva realidad de migraciones de las empresas de telecomunicaciones hacen cada vez más difícil sostener los discursos de integración de las audiencias con su realidad nacional y cultural”


Y LA HEGEMONIA COMUNICACIONAL  EN VENEZUELA...


 
El actual Gobierno de la república Bolivariana de Venezuela, presidido por Hugo Chávez, tiene claridad sobre la significación estratégica de los medios de comunicación como lugar para la política y la confrontación ideológica. esto se pone en evidencia no sólo en el sentido de sus acciones y medidas frente al aparato comunicacional privado, sino en la creación de toda una estructura o plataforma comunicacional que sea capaz de enfrentar al "enemigo" (tanto en lo interno como externo) y a la vez irradiar a través de la cultura de masas el proyecto y proceso político - ideológico que se desea instaurar. 
 para ello el gobierno ha tenido una política continuada y exitosa de quiebre del monopolio de medios sustentados por el sector privado hasta el punto de convertirse él mismo en poseedor de una plataforma mediática - tanto de medios públicos como para públicos - sin precedentes en la historia política y republicana del país e incluso de la América Latina. Este hecho ha significado una operación de propaganda nunca vista ni en la historia de Venezuela ni en la del Continente.

Reseña del libro La Cruzada De Los Medios En America Latina

Con la llegada al poder de gobiernos progresistas, en la última década varios países de América Latina han sido testigos de una transformación inédita en el paradigma de los medios de comunicación de la región. Esgrimiendo los mismos intereses que los sectores económicos más poderosos, las empresas mediáticas consolidaron un contrapoder al alzarse como una voz hegemónica que, en no pocas ocasiones, supera incluso la de la oposición política, permitiéndoles establecer su propia agenda en los debates que enardecen la opinión pública. La reacción de los Estados no se ha hecho esperar.
Denis de Moraes, doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro y uno de los teóricos más destacados en nuevas tecnologías, viajó por ocho países del subcontinente para estudiar este proceso e identificar las características de una nueva realidad. En La cruzada de los medios en América Latina, el autor analiza con particular agudeza varios de los nudos conflictivos que planean sobre el debate público: la concentración monopólica de los medios y sus implicancias, el valor estratégico de las políticas de comunicación, las transformaciones propuestas desde los Estados (revitalización de la comunicación estatal a partir del surgimiento de medios propios y fortalecimiento de medios comunitarios, legislaciones antimonopólicas, fomento a la producción cultural, etc.), y la siempre conflictiva batalla por la libertad de expresión.
La cruzada de los medios en América Latina suma su aporte al desafío que enfrentamos en la construcción de una nueva comunicación: abierta, democrática y plural.

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