Es el
conjunto de mensajes que circulan en el interior de un sistema político y que
condicionan su actividad, tanto desde la formulación de demandas como la
articulación de respuestas y que determinan, en consecuencia, la propia
dinámica del proceso político.
La política
comunicacional (PC) son las acciones que se emprenden para alcanzar los
objetivos propuestos. Son las iniciativas, las pautas, el método. La (PC) es
algo que se planifica y no se puede dejar a la deriva.
Lo
recomendable es que las organizaciones gubernamentales o no gubernamentales
–organizaciones comunitarias- piensen, planifiquen, su política comunicacional
para evitar la improvisación.
Entre las
características de la Política Comunicacional tenemos:
- Generar la democratización de los medios de comunicación
- Activar la participación ciudadana,
- Establecer una contraloría social,
- Proteger a los niños, niñas y adolescentes
- Impulsar una educación consciente para la recepción de mensajes de los medios de comunicación.
El ciudadano
podrá, en forma individual, promover y defender sus derechos e intereses
comunicacionales; también podrá hacerlo de forma colectiva, para ello es
necesario promover la asociación en comités de usuarios con el objetivo de
dirigir solicitudes, quejas o reclamos vinculados con la programación de los
prestadores de servicios de radio y televisión sean públicos o privados.
En América Latina...
los primeros programas de “comunicación para el desarrollo”
emergieron en torno a 1949, diez años
antes de que surgiese la primera propuesta teórica de “información
modernizadora” (Lerner, 1958). Algo parecido sucedió en Latinoamérica, donde
la obra de Freire, Díaz Bordenave o Kaplún se inspiró, en buena medida, en la
prolífica práctica transformadora de un buen número de colectivos ciudadanos
desde mediados del siglo XX –radios y televisiones comunitarias, proyectos de
educación informal con el apoyo nuevas tecnologías.
A nivel mundial, Latinoamérica el continente pionero de la
denominada “comunicación participativa”; es decir, de propuestas orientadas a
articular canales de expresión y representación para comunidades que hasta
entonces habían vivido en la “cultura del silencio” (Freire), con un alto
contenido de participación ciudadana. Los
precedentes mundiales de esta corriente emergieron de forma paralela en
1947, aunque sin conexión entre sí, y con objetivos disímiles: las emisoras
sindicales mineras en Bolivia, y el proyecto nacional de radio- escuela
Sutatenza-ACPO en Colombia. Las radios mineras impulsaron una comunicación
dirigida al sector obrero y rural del Altiplano boliviano, ligada,
esencialmente, al fomento de la conciencia político-sindical, y a la búsqueda
de autonomía y transformaciones estructurales frente a la explotación de las
oligarquías mineras. En el caso de ACPO, se trató de un macro-proyecto nacional
de alfabetización y educación popular mediante el uso combinado de la radio y
la enseñanza presencial, con fines de transformación – aunque también de evangelización-
para la población rural y urbana de Colombia (Beltrán, 1993; Gumucio- Dagron,
2001; Peppino, 1999). A partir de estas dos iniciativas se pueden vislumbrar
los agentes promotores pioneros y más relevantes de este tipo de comunicación
en el continente: movimientos sociales de diverso orden –indígenas, feministas,
organizaciones rurales, sindicalistas, etc.-; y comunidades eclesiales de base,
ligadas, en su mayoría, a la corriente progresista de la teología de la
liberación. De hecho, su arranque no puede entenderse sino enmarcado en un
contexto como el de Latinoamérica de la segunda mitad del siglo XX, que se
define de acuerdo a la dialéctica “dependencia/liberación”; o lo que es lo mismo: ciclos históricos de marginación y
violencia estructural, dictaduras militares, gobiernos oligárquicos,
imperialismo estadounidense, exclusión de los sectores populares, etc.; frente
a los cuales se plantean alternativas de cambio -reformas (Chile), revoluciones
populares (Cuba), protestas anti- dictatoriales, emergencia de (nuevos)
movimientos sociales, etc.-, en las que la comunicación y la educación se
conciben como una herramienta emancipadora de primer orden.
De forma autodidacta, con enorme creatividad, y con mayor o
menor fortuna, los primero proyectos comunicacionales que emanan de los
sectores civiles desafiaron las prácticas tradicionales de las grandes agencias
de de desarrollo que por entonces operaban en la región, contribuyendo a
organizar el saber ancestral de las comunidades, y a construir discursos
autónomos, con frecuencia contrarios a la cultura de las elites en el poder.
Latinoamérica y la comunicación participativa
Si definimos el “paradigma participativo” como aquel que se
caracteriza por su capacidad de involucrar a la sociedad civil en su propio
proceso de transformación a través del diálogo y la participación, podemos
afirmar que Latinoamérica es la región mundial más relevante en su gestación y
configuración posterior6. Es en este continente donde se
desafía con mayor fuerza que en
ninguna otra parte del mundo
el modelo
tradicional y hegemónico tanto del “desarrollo”, como de la
“comunicación”, como, a nivel más específico, de la “comunicación para el
desarrollo”, unos patrones que determinaban los modos de proceder tanto de las
agencias de cooperación como de los medios de información tradicionales
–prensa, radio y televisión-. Este reto, especialmente relevante durante las
décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, no se basó exclusivamente
en denunciar los errores de los antiguos esquemas –como sucede en la teoría
crítica estadounidense o europea: Escuela de Frankfurt, Estudios Culturales,
post-estructuralismo, economía política de la comunicación, etc.-, sino que
avanzó en la construcción de nuevos estándares, más complejos y participativos,
de “comunicación para el cambio”.
En Latinoamérica se localizan las primeras prácticas
mundiales de comunicación y desarrollo concebidas desde una perspectiva
participativa e incluso auto-gestionaria: radio Sutatenza/ACPO, radios
sindicales mineras, proyectos de edu-comunicación popular, etc. Asimismo, en
ninguna parte del mundo se tiene constancia de una efervescencia similar y
precursora de proyectos comunicativos populares orientados a mejorar el
bienestar de las sociedades. Buen ejemplo de ello son los millares de radios
comunitarias y alternativas que se extienden desde los años cincuenta por todo
el continente; proyectos de educación informal con el apoyo de tecnologías;
radio fórums y radio escuelas; observatorios de medios y veedurías ciudadanas;
el “teatro popular” y del “oprimido” de Augusto Boal; los planteamientos del
“nuevo cine latinoamericano” –Pino Solanas, Getino, Gleyzer-; etc.
¿Cómo es su sistema de comunicación?
El Early Bird es el 1Ý satélite con fines comerciales. Se lanza el 6 de
abril de 1965 desde Cabo Kennedy. Entonces se inicia un sistema mundial
de comunicaciones que tiende a unir a todos los países a través de
medios más efectivos. En 1962 se crea la Corporación de Comunicaciones
Vía Satélite (COMSAT), y 2 años después surge el Consorcio Internacional
de Telecomunicaciones por Satélites (INTELSAT).
En América Latina, los
satélites deberían incorporarse al área educativa, pero existen diversas
fuentes de oposición. La principal es de carácter económico. Desde el
punto de vista político, habría un poderoso instrumento de penetración
cultural e intelectual. Por otra parte, compañías foráneas establecidas
en Latinoamérica se rehúsan porque sus infraestructuras quedarían
obsoletas. Finalmente, los satélites unen al mundo y plantean la
posibilidad de mejorar las condiciones educativas. Pero para ello, es
necesario crear instituciones que se dediquen a la planificación y
aplicación de técnicas concientizadoras.
La
política del Estado en materia de telecomunicaciones está orientada a la
inclusión del pueblo venezolano y la cobertura de la mayoría de centros
poblados del país.
El
29 de octubre de 2008 se efectuó el lanzamiento del Satélite Simón Bolívar,
desde el Centro de Satélites de Xichang, ubicado en el suroeste de la República
Popular China. Dicho satélite, que fue construido y puesto en órbita por
el gobierno bolivariano de Venezuela Desde el punto de vista de las
aplicaciones, esta plataforma maneja señales de tv, radio telefonía, Internet
de alta velocidad, video conferencias, aplicaciones específicas en programas de
telemedicina y teleeducación, apoyo a las misiones sociales, control de
procesos y cualquier tipo de datos. Este adelanto tecnológico servirá de
transporte a señales radioeléctricas que permitirán garantizar el derecho a la
salud y una mejor calidad de vida para la población venezolana, la región
indoamericana y el Caribe, haciendo uso pacífico del espacio ultraterrestre y
en la búsqueda de la independencia y soberanía tecnológica.
Latinoamérica defiende nuevo orden comunicacional
Leer más en: http://www.conatel.gob.ve/latinoamerica-defiende-nuevo-orden-comunicacional/
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Entre Venezuela y Brasil, se
tomaron en cuenta diversas áreas de mutuo interés, promoviéndose de esta manera
una serie de documentos para la colaboración entre ambas naciones. Por esta
razón, se firmó un Memorándum de Entendimiento para la cooperación en las áreas
de ciencia y tecnología. Asimismo, se suscribirá un acuerdo bilateral para el
área de comunicación e información
Específicamente lo contemplado
en el documento que hace referencia a la cooperación comunicacional, Venezuela
y Brasil se comprometieron al intercambio de información, análisis y
pronósticos de los medios de comunicación social de ambos países. También la
difusión de informaciones oficiales de ambos gobiernos, sus logros, actividades
culturales, bellezas turísticas y aspectos históricos, así como también
programas de divulgación científica, académica y universitaria, además del
intercambio de contenidos que fortalezcan y enaltezcan las relaciones
bilaterales.
TeleSUR, canal de integración
para los países latinoamericanos
TeleSUR canal de comunicación
informativa, constituida como una sociedad multiestatal y conformada por una
red de colaboradores provenientes de cada rincón del continente, nace de una
evidente necesidad latinoamericana de contar con un medio que permita, a todos
los habitantes de esta vasta región, difundir sus propios valores, divulgar su
propia imagen, debatir sus propias ideas y transmitir sus propios contenidos,
libre y equitativamente.
Frente al discurso único
sostenido por las grandes corporaciones, que deliberadamente niegan, coartan o
ignoran el derecho a la información, se hace imprescindible una alternativa
capaz de representar los principios fundamentales de un auténtico medio de
comunicación: veracidad, justicia, respeto y solidaridad.
Con base en Venezuela y con el
propósito de desarrollar una nueva estrategia comunicacional para
Latinoamérica, Telesur persigue como misión, promover el derecho a la
información y asumir la veracidad como principio, estimulando así a las
regiones suramericanas en la producción, promoción y difusión de contenidos
propios de cada país, fomentando el reconocimiento del imaginario
latinoamericano.
Una señal de vocación social,
que se constituya a un tiempo en memoria histórica y expresión cultural, es la
visión de este novedoso canal, siendo además un lugar de encuentros y debates
de ideas, compuesto por una programación tan diversa y plural como diversa es
la población latinoamericana.
Telesur pone el talento y la
más avanzada tecnología al servicio de la integración de las naciones y pueblos
de Latinoamérica y el Caribe, en 24 horas de programación, transmitida por
enlace satelital desde Caracas, Venezuela, apuntando así a la concreción del
ideal bolivariano.
"Vernos es
conocernos", "reconocernos es respetarnos", "respetarnos es
aprender a querernos", "querernos es el primer paso para integrarnos
y integrarnos es el futuro de nuestras naciones", son los pilares que
persigue Telesur en cada una de sus programaciones, porque la información es un
derecho inalienable a la que todos deben tener acceso.
Con corresponsales permanentes
en Bogotá, Brasilia, Buenos Aires, Caracas, Ciudad de México, La Habana, Puerto
Príncipe, La Paz, Washington y una red de colaboradores en toda la región,
Telesur garantiza una cobertura amplia y responsable, en el marco de una agenda
propia.
En el marco de su programación,
se persigue la transmisión de contenidos que contribuyan a la formación de sus
usuarios, desde la ancestral sabiduría de las culturas originarias de América
hasta los postulados del nuevo siglo, el conocimiento es un componente esencial
para nuestra programación y para el desarrollo de nuestros pueblos,
incorporando el entretenimiento como patrimonio común de los latinoamericanos.
Siendo así una alternativa de comunicación para las Américas, Telesur será el
canal informativo más amplio de los nuevos tiempos con mucho contenido por
presentar, demostrando el gran potencial que poseen las naciones suramericanas,
que avanzan a las vías del desarrollo global e integración de cada una de las
naciones que componen la gran América.
Latinoamérica
defiende nuevo orden comunicacional, según Conatel:
América Latina debe trabajar
unida hasta encontrar los nexos, vínculos y lazos comunes que le permitan
avanzar significativamente en el plano comunicacional y destacar en este nuevo
mundo plural, y no en aquel que fue dominado de manera abrupta y absoluta por
una sola potencia, así lo expresó el escritor e historiador
venezolano Luis Britto García, en el Congreso Internacional: Comunicación e
Integración Latinoamericana desde y para el Sur, celebrado recientemente en
Ecuador.
Durante su intervención, el también ensayista y dramaturgo destacó la
necesidad de que los medios públicos latinoamericanos y caribeños trabajen para
dar a conocer distintos puntos de vistas y realidades a sus audiencias, dar voz
a quienes históricamente jamás la tuvieron, evitar la desinformación,
monopolización y manipulación de hechos, y defender por encima de todo la
soberanía informativa. Britto García recordó que “el Libertador Simón Bolívar
quería una América libre, y Francisco de Miranda soñó con una unidad
territorial desde Río Grande (México) hasta la Patagonia (Argentina)”.
En ese
sentido, instó a los pueblos latinoamericanos a compartir esa aspiración, ese
sueño, y encontrar la mejor forma de defender los ideales bolivarianos desde la
comunicación, tarea para la cual son fundamentales los medios públicos. Con
base en la memoria histórica de la Región, el escritor citó la frase del poeta
y novelista español George Santallana: “aquel que no estudia la historia se ve
obligado a repetirla”, para así evocar la política comunicacional que asumió el
Gobierno Bolivariano después del golpe de Estado de 2002 y no volver a ser
víctimas de ataques mediáticos. Resaltó la creación de leyes para regular el
campo de la comunicación, como la Ley de Responsabilidad Social en Radio,
Televisión y Medios Electrónicos.
Asimismo, afirmó que el Gobierno fomentó la
creación y fortalecimiento de organismos estatatales que hicieran cumplir estas
leyes, entre ellos Conatel; además de dedicar grandes esfuerzos a garantizar un
proceso formativo de calidad para el pueblo, para que aprendan a dar una
lectura crítica a los mensajes que reciben por parte de los medios. “La idea es
incorporar a los países de nuestra Región e integrar una verdadera red de
comunicación que tenga nuestra mirada, nuestras preocupaciones y perspectivas.
Venezuela desde el principio entendió que no es posible quedar reducidos a una
diplomacia unipolar, cuando hay que crear otra diplomacia multipolar, sur-sur,
dirigida a los no alineados, a las relaciones con África y Asia”, puntualizó.
Latinoamérica defiende nuevo orden comunicacional
Leer más en: http://www.conatel.gob.ve/latinoamerica-defiende-nuevo-orden-comunicacional/
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Retos de la era digital para América Latina y el Caribe
Desde hace 15 a 20 años, con una velocidad inédita, el mundo vive un
proceso de concentración monopólica en diversas áreas de las tecnologías
digitales e Internet, desde los servicios básicos hasta el comercio
electrónico, pasando por las redes sociales donde las personas se
interrelacionan, hasta los buscadores que determinan qué fuentes de
información son más visibles, o el mercado publicitario. En cierta
medida, se trata de un fenómeno que los economistas llaman “monopolios
naturales”, por el “efecto red”, que ocurre cuando un servicio adquiere
popularidad y se convierte en un polo gravitacional, que atrae más
gente. Pero también se debe a la desreglamentación del sector y a
fallas del diseño técnico que no fue pensado para evitar este efecto.
Un 85% de los conocimientos sobre América Latina está almacenado en
bases de datos fuera de la región, muchos de ellos en acervos
académicos, con o sin acceso público. Cabe pensar cómo la región puede
repatriarlos, reapropiarlos.
Un primer problema a superar es el desconocimiento público respecto a
estos temas y sus implicaciones, lo que se dificulta por el hecho que
este entramado de poder se esconde tras la incuestionable utilidad y
atracción de las nuevas tecnologías. Abrir un debate público sería un
primer paso para la elaboración de marcos legales nacionales (como, por
ejemplo, el Marco Civil de Internet que adoptó Brasil este año, centrado
en la protección de los derechos ciudadanos).
Toda vez, existe un límite a lo que se puede legislar desde lo
nacional, debido al carácter sin fronteras del ciberespacio, y ello
apela a la actuación desde los espacios de integración. Y allí el hecho
que los organismos de integración regional no tienen en agenda a la
comunicación es un obstáculo. UNASUR, por ejemplo, no cuenta con un
Consejo de la Comunicación. La CELAC, entre los 83 puntos de su
Declaración de la Habana (enero 2014), no hace mención al tema. Sin
duda la comunicación es un tema polémico, debido a las diferencias
políticas entre los distintos gobiernos respecto al poder mediático;
pero si se lo aborda desde una perspectiva más amplia, habría muchos
aspectos donde se podrían identificar intereses comunes, incluyendo en
lo mediático. Es evidente que la integración solo calará entre la
población como una prioridad, como un asunto de identidad común y un
proyecto de paz y de cooperación, si se emprende un amplio y constante
esfuerzo de información, intercomunicación y diálogo intercultural.
Este debería estar al centro de procesos como la UNASUR o la CELAC; pero
también se lo puede fomentar a través de iniciativas ciudadanas, como
de hecho se ha venido haciendo, aprovechando el nuevo potencial de las
tecnologías digitales.
Comunicación e integración: un asunto de ciudadanía
La conformación, en un Encuentro realizado en Quito en noviembre
pasado, del Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica(4)
fue justamente con el carácter de una iniciativa ciudadana para debatir
estos temas y desarrollar iniciativas concretas. Como dice el
documento para el debate del Encuentro:
“La comunicación y el intercambio cultural son elementos
constitutivos de la integración de los pueblos. La participación en los
procesos comunicacionales, el diálogo entre países y culturas,
reconocernos, intercambiar, etc., son elementos fundamentales para
construir una cultura de paz, cooperación y solidaridad recíproca en el
continente… la apuesta por una participación social efectiva demanda
como condición indispensable una socialización de la información amplia y
permanente”.
Así, mientras los procesos oficiales de integración evadan el tema de
la comunicación y los grandes medios sigan menospreciando los nuevos
procesos de integración, es sobre todo desde las organizaciones sociales
y los medios ciudadanos, alternativos y populares que se puede impulsar
el debate.
Justamente en el primer Foro de Participación Ciudadana (FPC) de
UNASUR, realizado en Cochabamba a mediados de agosto, el Foro de
Comunicación para la Integración encaminó una propuesta de crear un
Consejo de Comunicación dentro de UNASUR, que fue incluida entre las
propuestas adoptadas; el FPC también acordó crear su propio consejo de
comunicación social e impulsar una red regional de comunicación.
Además, el FPC incorporó en su agenda propuestas sobre la
democratización de la comunicación, el derecho a la privacidad y la
defensa de la ciberpaz. Se entiende que esto ofrece una oportunidad
para plantear un diálogo en UNASUR sobre estos temas. Pero ello
depende, primero, de abrir un debate con la sociedad al respecto, sin lo
cual la propuesta de participación ciudadana en UNASUR puede
convertirse en una figura retórica.
En este sentido, el Foro de Comunicación para la Integración se
plantea entre sus retos: contribuir a la democratización de la cultura,
de la información y la comunicación como requisito para la construcción
de democracias participativas; y buscar vínculos con la academia para
construir nuevas teorías, desde la comunicación, para esta construcción.
Ponencia presentada en el conversatorio: “Geopolítica de la Comunicación e Integración: retos y perspectivas”(6) organizado por CIESPAL, ALAI y el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica, realizado en Quito, el 20 de agosto de 2014.
LA POLITICA EN LA ERA DE LA COMUNICACIÓN DIGITAL
Las campañas políticas en cualquier lugar del mundo hanrepresentado una oportunidad inestimable para el avance de losestudios comunicacionales. En la actualidad asistimosa la irrupciónde la CMC (comunicación mediada por computador). De suerteque la reciente campaña electoral en Norteamérica es la primera campaña en tiempos de la hiperindustria cultural: la primera campañapodcast. Nos proponemos, entonces, develar hasta donde nos seaposible, los contornos de este fenómeno inédito en el ámbito de la política y las comunicaciones.
Es claro
que este desajuste es un peso a la hora de pensar lo comunicacional, pues como
muy bien nos lo recuerda Vilches: “El nuevo orden social y cultural que ha
comenzado a instalarse en el siglo XXI obligará a revisar las teorías de la recepción
y de la mediación que ponen el acento en conceptos como identidad cultural,
resistencia de los espectadores, hibridación cultural, etc. La nueva realidad de
migraciones de las empresas de telecomunicaciones hacen cada vez más difícil
sostener los discursos de integración de las audiencias con su realidad
nacional y cultural”
Y LA HEGEMONIA COMUNICACIONAL EN VENEZUELA...
El actual Gobierno de la república Bolivariana de Venezuela, presidido
por Hugo Chávez, tiene claridad sobre la significación estratégica de
los medios de comunicación como lugar para la política y la
confrontación ideológica. esto se pone en evidencia no sólo en el
sentido de sus acciones y medidas frente al aparato comunicacional
privado, sino en la creación de toda una estructura o plataforma
comunicacional que sea capaz de enfrentar al "enemigo" (tanto en lo
interno como externo) y a la vez irradiar a través de la cultura de
masas el proyecto y proceso político - ideológico que se desea
instaurar.
para ello el gobierno ha
tenido una política continuada y exitosa de quiebre del monopolio de
medios sustentados por el sector privado hasta el punto de convertirse
él mismo en poseedor de una plataforma mediática - tanto de medios
públicos como para públicos - sin precedentes en la historia política y
republicana del país e incluso de la América Latina. Este hecho ha
significado una operación de propaganda nunca vista ni en la historia
de Venezuela ni en la del Continente.
Reseña del libro La Cruzada De Los Medios En America Latina
Con la llegada al poder de gobiernos progresistas, en la
última década varios países de América Latina han sido testigos de una
transformación inédita en el paradigma de los medios de comunicación de la
región. Esgrimiendo los mismos intereses que los sectores económicos más
poderosos, las empresas mediáticas consolidaron un contrapoder al alzarse como
una voz hegemónica que, en no pocas ocasiones, supera incluso la de la
oposición política, permitiéndoles establecer su propia agenda en los debates
que enardecen la opinión pública. La reacción de los Estados no se ha hecho
esperar.
Denis de Moraes, doctor en Comunicación y Cultura por la
Universidad Federal de Río de Janeiro y uno de los teóricos más destacados en
nuevas tecnologías, viajó por ocho países del subcontinente para estudiar este
proceso e identificar las características de una nueva realidad. En La cruzada
de los medios en América Latina, el autor analiza con particular agudeza varios
de los nudos conflictivos que planean sobre el debate público: la concentración
monopólica de los medios y sus implicancias, el valor estratégico de las
políticas de comunicación, las transformaciones propuestas desde los Estados
(revitalización de la comunicación estatal a partir del surgimiento de medios
propios y fortalecimiento de medios comunitarios, legislaciones
antimonopólicas, fomento a la producción cultural, etc.), y la siempre
conflictiva batalla por la libertad de expresión.
La cruzada de los medios en América Latina suma su aporte al
desafío que enfrentamos en la construcción de una nueva comunicación: abierta,
democrática y plural.







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